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26·05·2018 Nº 384
Ecofisiología del cultivo de maíz
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Los rendimientos de maíz crecieron en forma sostenida en las últimas décadas. La notable mejora genética lograda (en potencial de rendimiento y en tolerancia a estrés, enfermedades, vuelco, etc.) fue en buena medida responsable de ese crecimiento, acompañada por mejoras en el manejo de los cultivos (fertilización, herbicidas, mecanización, etc.).

No obstante, los rendimientos medios que se alcanzan actualmente están aún distantes de los rendimientos máximos obtenibles. Estas brechas entre los rendimientos reales y los potenciales pueden reducirse a partir de un mejor entendimiento de los procesos y mecanismos involucrados en la determinación del rendimiento del cultivo que permita construir bases sólidas sobre las cuales orientar su manejo. El resultado final del cultivo es la consecuencia de las múltiples interacciones que tiene con el ambiente que lo rodea, el cual varía en el tiempo y el espacio. El propio cultivo también presenta patrones temporales de cambios. En este capítulo se analiza cómo y cuándo se forman y crecen los diferentes órganos de las plantas creciendo en comunidad, haciendo énfasis en cómo se modifica su habilidad para capturar y utilizar recursos y su susceptibilidad a condiciones ambientales adversas a lo largo del tiempo. Ciertos conceptos básicos referentes al desarrollo, crecimiento y generación del rendimiento son fundamentales para comprender y manejar el cultivo a fin de aumentar y estabilizar la producción y mejorar su eficiencia. La intención de este capítulo es presentar algunos de esos elementos que contribuyen al manejo racional del cultivo de maíz.
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Desarrollo del cultivo

La progresión de etapas por las que atraviesa el cultivo se conoce como desarrollo. Si bien existen escalas para describir el ciclo de un cultivo de maíz a partir de sus cambios externos visibles (Ritchie y Hanway, 1982), tanto el meristema apical como las yemas axilares sufren importantes modificaciones mientras ocurren tales cambios externos. Las primeras cinco hojas (plúmula) y la radícula de la futura planta se hallan ya preformadas en el embrión de la semilla madura. El número de primordios preformados en el embrión parece una característica propia de la especie y muy poco variable entre híbridos (Padilla y Otegui, 2005). Con adecuada humedad y temperatura en la cama de siembra, la aparición de la plúmula y la radícula durante la germinación indican el inicio del crecimiento de las raíces seminales y la elongación del mesocótile. Esto produce la emergencia de la primera hoja sobre la superficie del suelo protegida por el coleóptile, manteniendo el ápice de crecimiento a 2-3 cm debajo del suelo y continuando con la diferenciación de nuevos primordios de hojas. Con cuatro a diez hojas completamente expandidas en la planta se produce la iniciación floral del meristema apical, que comienza a diferenciar las espiguillas estaminadas correspondientes a la panoja. El número de hojas expandidas al momento de la iniciación floral es fuertemente dependiente del híbrido, siendo menor para el germoplasma cultivado en ambientes templado fríos de alta latitud y mayor para los tropicales. En ese momento del desarrollo dejan de formarse nuevos primordios foliares, quedando determinado el número total de hojas y, por lo tanto, el área foliar potencial que podrá alcanzar la planta. Al estado de seis hojas desplegadas comienza la elongación de entrenudos o encañazón. La elongación continúa en sentido acrópeto, pudiendo elongarse hasta cuatro entrenudos simultáneamente en ese orden. Poco tiempo después del inicio de encañazón, con siete a doce hojas expandidas, comienzan a diferenciarse en las yemas axilares de las hojas los primordios de inflorescencia que darán origen a las espigas, iniciándose en ellas la formación de espiguillas pistiladas (Otegui y Melón, 1997). El número de hileras de espiguillas, que será el de hileras de granos de la futura espiga, queda definido tempranamente, y está fuertemente controlado por el genotipo. La diferenciación de espiguillas sobre cada hilera continúa en progresión acrópeta hasta una o dos semanas previas a la floración (Pagano y col., 2007). En ese momento queda determinado el total de espiguillas diferenciadas, cada una con una flor fértil capaz de ser fecundada y, por lo tanto, queda definido el número potencial de granos que puede tener la planta.
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Con la elongación de los últimos entrenudos se completa la emergencia de la panoja a través del cogollo de las hojas superiores que terminan de expandirse y se produce la antesis de sus flores y la liberación del polen (floración masculina). En este momento queda determinada el área foliar máxima y la altura final de las plantas. Cada flor individual libera polen sólo por un día, una panoja lo hace durante unos días y el proceso demora varios días en el cultivo, garantizando abundante disponibilidad de polen (Uribelarrea y col., 2002).

Con la aparición de los estigmas por fuera de las chalas en la espiga se inicia la floración femenina, la polinización y la consiguiente fecundación de los óvulos. Los primeros estigmas en emerger corresponden a la mitad basal de la inflorescencia, completándose el proceso en el lapso de cuatro a ocho días según genotipos y condiciones ambientales (Bassetti y Westgate, 1993b; Cárcova y col., 2003).

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