Silajes de cereales de invierno: avena, cebada, trigo -1 parte-



Ing. Agr. MIRIAM GALLARDO

Los cereales de invierno, en particular los cultivos de avena, cebada y trigo, representan actualmente una de las alternativas estratégicas más promisorias destinadas a conservar forrajes y granos de alto valor nutricional para los más exigentes planteos intensivos de producción de leche y carne de Argentina.
Los ensilajes de estos recursos son fuente de diversos principios nutricionales como fibra, energía y proteínas. Los granos de estos cereales en cambio, pueden ser utilizados principalmente como fuentes energéticas ricas en almidón, en reemplazo total o parcial del tradicional grano de maíz, no solo con buena eficiencia de conversión sino que también, en diversas coyunturas, con ventajas económicas competitivas.
Sin embargo, para conservar adecuadamente la mayor cantidad de nutrientes a partir de estas forrajeras se deberían aplicar, durante todo el proceso de producción, tecnologías de punta compatibles con las premisas conceptuales de la “Agricultura de Precisión”, tal como se aplica para la producción intensiva de los granos y semillas clásicos.

Se debe considerar que los costos de implantación y cosecha de estos cereales son siempre de cierta magnitud en casi todos los planteos y además, como con otros cultivos, la secuencia operativa de cosecha y conservación de nutrientes es compleja y conlleva siempre pérdidas de difícil control que pueden llegar en algunos casos a más del 40% de la biomasa del cultivo.

Características de los cultivos a ensilar

En cualquier circunstancia y cultivo, el estado fenológico del forraje y su contenido de humedad al momento del corte son los factores más importantes ya que se correlacionan estrechamente con el rendimiento, la calidad y el valor nutritivo. Para definir el momento oportuno de corte de los cereales de invierno, estas variables deberían ser analizadas exhaustivamente ya que, como en todo forraje, las condiciones climáticas imperantes las pueden afectar particularmente. Así, en períodos con eventos meteorológicos adversos (sequía, excesos hídricos) estas evaluaciones deben realizarse con mayor frecuencia para definir, en función del estado de los tallos, las hojas del forraje y los granos, el momento oportuno de corte, la altura a la cual se debe cortar y hasta para definir y regular el tamaño de picado más conveniente.

Si bien existen diferencias entre estos verdeos, se puede generalizar que cuando se pican plantas en estados juveniles, como en pre-panojamiento (“hoja bandera”) o en panoja/espiga emergida, si bien se podrían lograr ensilajes potencialmente de mayor digestibilidad (> 65%), con mayor nivel de proteína bruta (> 12% PB) y con la fibra de los tallos y las hojas más digestibles (> 50% FDNdig), no siempre se logran buenos materiales.

Los forrajes en este estado juvenil de crecimiento contienen, en contrapartida, más agua (> 70%), más potasio (+ 3% sobre MS), más proteína de tipo soluble y altamente degradable (> 55% de la PB), además de mayor concentración de nitrógeno no proteico (>12 %/NT), principalmente en aquellos cultivos sometidos a altas tasas de fertilización o que han sufrido estrés hídrico. Poseen, además, menores concentraciones de carbohidratos solubles (CHS: < 10%/MS y fibrosos: < 50% FDN/MS) todo lo cual, en términos nutricionales, podría resultar en un alimento con serios desequilibrios y de menor estabilidad fermentativa dentro del silo.

Por otra parte, se debe agregar que si el forraje tierno y húmedo es picado muy fino (< 0.8 mm longitud teórica de corte) tenderá a generar demasiadas pérdidas por “efluentes” (jugos celulares, ricos en nutrientes), además de una escasa estabilidad fermentativa, predominando fermentaciones butíricas, una extensiva degradación de las proteínas y la subsecuente formación de nitrógeno-amoniacal (N-NH3).

Además, en estos estados fenológicos el rendimiento de biomasa forrajera será considerablemente inferior a lo potencialmente deseable: menor a 4.500 kg vs. mayor a 6.500 kg MS/ha.

En el otro extremo, con un forraje en estado muy avanzado, por ejemplo tal como ocurre cuando inicia la madurez de los granos (grano duro), el contenido de humedad es extremadamente bajo (< 50%) y la FDN es por naturaleza de inferior calidad ya que se encuentra muy lignificada, principalmente en los tallos.

Con forraje más seco, si el tamaño de picado no se regula adecuadamente, con tamaños de partículas más pequeñas y parejas (< 2.0 cm, en promedio para las partículas más pequeñas), no se facilita la compactación y la eliminación del oxígeno. Por lo tanto, no se completarán las fermentaciones lácticas y ocurrirán importantes pérdidas por calentamiento del material y por la proliferación de hongos y levaduras (productoras de alcohol). Además, las pérdidas de nutrientes (fibra y almidón) durante la digestión podrán ser de gran impacto, disminuyendo la digestibilidad a valores inferiores al 47% de la MS.

Es común en ensilajes de cultivos muy “pasados”, con abundantes tallos, que fueran picados sin precisión, visualizar partículas con las fibras rasgadas, desparejas y muy largas: las más chicas en el orden 3-4 cm o más y las más grandes de 8 a 10 cm o más. Además, en estos materiales es fácil observar la presencia de granos duros en las panojas o espigas, que permanecen casi todos intactos.

El estado óptimo de picado

Hay coincidencia generalizada entre los expertos en que el estado inicial de “grano pastoso” (almidón suave y ligero) es un buen momento para el picado de estos materiales, ya que permite contar simultáneamente con mayor contenido y cantidad de MS, a la vez que con un equilibrio de nutrientes más adecuado. Además, en esta etapa fenológica, por la menor humedad de las plantas (60-65%) se pueden efectuar picados directos sin necesidad de “oreo” previo, simplificando de este modo las operaciones, minimizando pérdidas y evitando contaminación del material con tierra y otros cuerpos extraños del exterior.

En las investigaciones realizadas en Canadá, donde estos recursos se utilizan masivamente en lechería y en feedlot, las comparaciones entre avena, cebada y trigo indican que el cambio de un estado fenológico a otro ocurre siempre con mayor rapidez en avena que en los otros cereales, perdiendo calidad en muy poco tiempo (7-8 días) una vez superado el estado de grano pastoso. Por tal razón, desde el pre-panojamiento el monitoreo para la determinación del momento adecuado de corte debe realizarse semanalmente y con mayor frecuencia toda vez que las condiciones climáticas sean predisponentes a una más rápida madurez. La determinación precisa de la humedad del forraje es prioritaria.

La concentración de CHS (azúcares y almidón) en el forraje también es un parámetro estrechamente relacionada a la calidad, tanto desde el punto del valor energético como de la fermentación. Los CHS son los principios básicos para una adecuada producción de ácido láctico y una rápida estabilización del ensilaje.

Comparados al maíz los verdeos de invierno poseen significativamente menores concentraciones de CHS y por esta razón, muchos especialistas recomiendan aplicar a estos forrajes algún tipo de inoculante, bacterias lácticas principalmente, que contribuya a mejorar el proceso fermentativo dentro del silo, así como a estabilizarlo fuera de él, durante el suministro.

No obstante, existen diferencias entre ellos respecto a los niveles de CHS. Al mismo estado de madurez y condiciones ambientales semejantes, distintos estudios reportan el siguiente ranking de concentración de CHS, de mayor a menor, como: cebada, trigo y avena.
Bajo condiciones normales de crecimiento, las cebadas (cerveceras y forrajeras por igual), en fase inicial de grano pastoso pueden contener hasta 25% de azúcares solubles, mientras que los otros cereales generalmente no alcanzan el 18%. De allí que este forraje resulta un cultivo muy maleable y simple para ensilar.

En el caso particular del ensilaje trigo, se pueden lograr excelentes materiales ejecutando cuidadosamente las prácticas recomendadas para la obtención de un cultivo folioso, tallos finos y buena proporción de panojas con granos en estado pastoso. Para una adecuada conservación, sin embargo, los recaudos en el picado, la compactación y el buen sellado del material son prioritarios.

[Continúa el sábado próximo]






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