Enfermedades en alfalfa -2º parte-

Ing. Agr. Ainalén Carassai
Forratec Argentina S.A.




2. ENFERMEDADES FOLIARES


No ocasionan la muerte de la planta pero, al reducir su capacidad fotosintética, disminuye la energía total y promueven las pérdidas de rendimiento y/o calidad forrajera. Aún cuando no produzcan defoliaciones importantes, pueden disminuir significativamente el contenido de carbohidratos no estructurales y proteína.

Las enfermedades foliares suelen ser particularmente dañinas en primaveras y otoños frescos y húmedos. Los cultivares sin reposo invernal (8-9), que fueron desarrollados para ambientes secos, son los más susceptibles, últimamente esta situación ha mejorado.

2.1 Viruela

Agente causal: Pseudopeziza medicaginis. Sobrevive en hojas muertas y causa infecciones secundarias cuando las condiciones ambientales les son favorables.
Condiciones predisponentes: períodos prolongados de tiempo fresco y húmedo, particularmente en primavera y otoño. Tanto el uso indebido del riego, como el retraso de los cortes o pastoreos, favorecen al desarrollo del hongo.
Síntomas: aparición de manchas marrones o negras pequeñas de forma circular, distribuidas en forma uniforme en los folíolos. Sobre el haz de las hojas, en las manchas más viejas, se desarrollan las fructificaciones del hongo. Las ascosporas son difundidas por el viento y las gotas de lluvias para infectar a nuevas plantas en el cultivo comenzando por las hojas inferiores.
Manejo de la enfermedad: si bien existen en el mercado cultivares con mediana resistencia, su efectividad como medida de control no es muy alta. Como paliativo se recomienda no retrasar los cortes o pastoreos. En caso de tiempo muy húmedo se recomienda adelantar los cortes para evitar importantes pérdidas de calidad y/o rendimiento por defoliación a la vez que se reduce la cantidad de inóculo para posteriores infecciones. (Idem, Mancha Ocular)

2.2 Mancha Ocular

Agente Causal: Leptosphaerulina briosiana.
Condiciones predisponentes: períodos de tiempo fresco y húmedo.
Síntomas: las lesiones comienzan generalmente en hojas jóvenes como pequeñas manchas de coloración oscura que luego se agrandan y se rodean de un margen castaño oscuro circundado por un halo amarillento. Conforme avanza la enfermedad, las lesiones van cubriendo todo el folíolo hasta que finalmente se desprende.
2.3 Roya

Agente Causal: Uromyces striatus.
Condiciones predisponentes: tiempo cálido y húmedo, a partir de fines de verano y durante el otoño.
Síntomas: pústulas circulares y pequeñas en ambas caras de la hojas, de color marrón-rojizo y rompen la epidermis. Las hojas cubiertas de pústulas comienzan a encorvarse y finalmente se desprenden.

2.4 Tallo Negro de primavera

Agente causal: Phoma medicaginis, patógeno que puede sobrevivir varios meses en los restos vegetales, infectando posteriormente hojas y tallos cuando las condiciones ambientales favorecen su germinación.
Condiciones predisponentes: primaveras y otoños relativamente frescos y húmedos.
Síntomas: la enfermedad comienza como manchas de tono marrón oscuro en las hojas que, al evolucionar el daño, coalescen y llegan a afectar una gran superficie de folíolos. Las hojas atacadas adquieren una coloración amarillenta y finalmente se desprenden del tallo. Los tallos se tornan negros.
Manejo de la enfermedad: a las medidas antes citadas, se le puede agregar rotación por dos años de gramíneas.

2.5 Tallo Negro de verano

Agente Causal: Cercospora medicaginis. Hongo que pasa el invierno como micelio en tallos infectados pero que para fructificar requiere necesariamente temperaturas cálidas y humedad elevada.
Condiciones predisponentes: veranos cálidos y muy húmedos. En esas condiciones el retraso de un corte o pastoreo puede agravar la enfermedad.
Síntomas: el daño se evidencia –primero en las hojas inferiores y posteriormente en las superiores– como manchas marrones o castañas, de forma redondeada o elíptica con márgenes difusos. Cuando el hongo fructifica se observa en las lesiones una tonalidad gris clara en la parte central. En la base de los tallos se producen manchas oscuras.
2.6 Manchón Foliar Amarillo

Agente Causal: Leototrochila medicaginis. Entre fines de verano y principios del otoño el hongo forma sobre hojas muertas sus órganos de fructificación, los que después de invernar liberarán las ascosporas en la primavera siguiente.
Condiciones predisponentes: primaveras y otoños frescos y húmedos, o períodos de abundantes precipitaciones seguidas de días nublados, favorecen el desarrollo y la difusión del patógeno.
Síntomas: los daños comienzan en el haz de los folíolos como pequeñas manchas de color amarillento que luego va creciendo en tamaño hasta invadir gran parte de las hojas, siguiendo más o menos el recorrido de las nervaduras y formando manchones amarillo en forma de V.

2.7 Mildiu

Agente Causal: Peronospora trifoliorum. Este hongo sobrevive el invierno en tejidos vegetales vivos y únicamente fructifica en condiciones de oscuridad y muy alta humedad ambiental, siendo el viento y la lluvia los principales agentes de diseminación.
Condiciones predisponentes: primaveras y otoños frescos y húmedos.
Síntomas: se pueden dar dos tipos de infecciones; localizadas y sistémicas. En el 1° caso, en el haz de los folíolos se presentan sectores cloróticos o descoloridos que se corresponden con eflorescencias de tono grisáceo en el envés. Cuando la infección es sistémica, el patógeno invade tallos, yemas y hojas completas. Los tallos infectados adquieren mayor diámetro y presentan entrenudos más cortos, produciendo a menudo un brote terminal ramificado, con hojas superpuestas en forma de roseta. Los márgenes de las hojas totalmente infectadas se curvan hacia abajo. En plántulas se puede dar Damping-off.
Manejo de la enfermedad: el tratamiento de la semilla con fungicidas (metalaxyl) sistémicos puede ser de utilidad para lotes de implantación.

2.8 Virus del mosaico de la alfalfa

Agente causal: Virus del mosaico o AMV, cuyas partículas se presentan bajo formas baciliformes y variformes. Se trata de un complejo constituido por varias razas de AMV que difieren en la infectividad y otras características. El patógeno se transmite por insectos vectores aunque también pueden hacerlo por medio de semilla y el polen.
Condiciones predisponentes: se sospecha que el AMV puede ser transmitido por todas las especies de áfidos que atacan a la alfalfa, el pulgón verde es la especie más importante, en consecuencia, las condiciones que favorecen al desarrollo de estos insectos contribuyen a la proliferación de la enfermedad. Los trips también podrían ser vectores del AMV.
Síntomas: la aparición de un moteado de color amarillento a verde pálido, que se desarrolla entre las nervaduras de los folíolos y que puede o no estar acompañado de enanismo. También es frecuente encontrar plantas con enanismo y hojas enruladas o acartuchadas sin presencia del mosaico. En otros casos, el follaje puede no tener síntomas evidentes pero la planta manifiesta un estado general de debilidad. Una vez infectada la planta contiene el patógeno el resto de su vida.
Manejo de la enfermedad: el control de insectos vectores es la única medida preventiva de cierta efectividad.

CONSIDERACIONES FINALES


Como prácticas culturales más importantes para el control de las principales enfermedades se sugieren:
• Uso de variedades resistentes.
• Usar semilla certificada de calidad comprobada, la que en ciertos casos está recubierta con el inoculante y fungicida curasemilla.
• Rotación. Sembrar alfalfa siempre después de gramíneas, evitar hacerlo después de otra leguminosa o girasol ya que poseen patógenos comunes.
• Lotes que presenten buenas condiciones para la implantación del cultivo, el mantenimiento del pH del suelo con valores próximos a la neutralidad (6.5-7), junto con un adecuado nivel de fertilidad (especialmente P y K), pueden contribuir a la obtención de plantas vigorosas, con un alto potencial de tolerancia a los patógenos.
• El mejoramiento del drenaje del perfil, así como un manejo racional del riego.
• Mantener lotes libres de malezas para el logro de plantas vigorosas y sin competencia.
• Los cortes o pastoreo en los momentos óptimos pueden contribuir a minimizar las pérdidas originadas por las enfermedades foliares y a disminuir significativamente la producción de inóculo para futuras infecciones.

Las técnicas sugeridas integradas en un manejo racional y aplicadas en la planificación, implantación serán las responsables de la productividad, calidad y longevidad de un alfalfar.