Cultivos de cobertura y su importancia en determinados esquemas -parte 1-


Breve reseña


Los cultivos de cobertura son especies vegetales integradas dentro de la rotación de campos agrícolas con el objetivo principal de mejorar o mantener la calidad de los agro ecosistemas. En general, son establecidos entre dos cultivos estivales, no son pastoreados, ni cosechados, sino que son incorporados al suelo quedando en la superficie, protegiendo el suelo y liberando nutrientes como resultado de procesos de degradación de la biomasa aérea y radicular de los mismos (Alvarez y Scianca, 2006).

Objetivos específicos de los cultivos de cobertura

• Reducir riesgos de erosión (eólica y/o hídrica).

• Mejorar las cualidades edáficas a través de:
- Aumentos en la materia orgánica del suelo.
- Mejorar capacidad de retención de agua.
- Aumento de la infiltración en el perfil del suelo.

• Reducir la necesidad de fertilizaciones con nitrógeno (incorporando leguminosas en la rotación capaces de fijar biológicamente el N atmosférico).

• Mantener el suelo cubierto, reduciendo la emergencia de malezas.

• Rotar especies y cortar ciclos de plagas y enfermedades.

• Favorecer la biodiversidad.
Es un sistema ecológico sumamente importante para un manejo sustentable de los recursos naturales. Los productores optan por sembrar y administrar tipos específicos de cultivos de cobertura en función de sus propias necesidades y objetivos, influidos por los factores biológicos, ambientales, culturales y económicos del sistema alimentario en el que actúan. (Snapp et al. 2005).

Las especies más utilizadas en la región pampeana son especies invernales de leguminosas y gramíneas. Dentro de las gramíneas, las más utilizadas son triticale, trigo, avena, raigrás y centeno (Carfagno, 2008). Por el lado de las leguminosas, vicia sp. toma un rol preponderante en los sistemas.

Producción de biomasa

Algunos estudios realizados en la región pampeana citan valores productivos potenciales de 5000 a 7000 Kg MS/ha aportados por especies de gramíneas (entre las cuales se destacan avena, centeno y triticale) siendo algo más bajos los valores de residuos aportados por rye grasses. En el caso contrario, los valores potenciales de producción de biomasa para vicia sp. son mucho más discretos pudiendo llegar (en los valores más altos) a ser cercanos a 3500 Kg MS/ha/año. Si bien, diferencia en el volumen total de rastrojos que son capaces de aportar cada grupo de especies, es preciso aclarar que existen diferencias sustanciales en la composición química de cada uno, que deberán ser tenidas en cuenta para la utilización estratégica en la producción agrícola.

Disponibilidad hídrica

Un aspecto clave a considerar en el manejo de cultivos de cobertura es la fecha de secado. Según Ruffo (2003), el momento de supresión del crecimiento de los cultivos de cobertura debe adecuarse siguiendo 2 criterios: (a) lograr una acumulación de biomasa que garantice una importante cobertura y aporte de carbono y (b) ajustarse zonalmente a las precipitaciones de cada región para asegurar la recarga del perfil con las lluvias de primavera.



En general, fechas de secado más temprano aseguran una mayor probabilidad de recarga del perfil del suelo con las lluvias de primavera (Caviglia et al., 2010). Si bien queda claro que consumen una parte importante del agua útil del perfil, se debe considerar que la mayor cobertura en “biomasa disponible” disminuye la amplitud térmica superficial del suelo, pudiéndose traducir ésto en menos pérdida de agua por evaporación. Generando una mejora en la eficiencia del uso del agua, que puede aumentar la disponibilidad para el cultivo agrícola siguiente (Capurro et al., 2010).







[Continúa el sábado próximo]





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