¿Hacia dónde va la lechería en Sudamérica?

ROBERTO DÜNNER W.

TODOAGRO S.A. (Chile)
Gerente General

Para responder esa pregunta necesariamente tenemos que hablar de competitividad. Dentro de las posibles definiciones que existen para competitividad, la que estimo es más apropiada es la siguiente: “competitividad es la capacidad de una organización de mantener sistemáticamente ventajas comparativas que le permitan alcanzar, sostener y mejorar una determinada posición en el entorno socioeconómico”.

Bajo estos términos resulta vital entonces definir cuál es el entorno socioeconómico cuando hablamos de competitividad en el sector lácteo. Quien no comprenda o quiera comprender que en que en un mundo cada vez más globalizado, en un momento en que Europa y Estados Unidos debaten sobre el acuerdo de libre comercio más relevante jamás creado, este entorno socioeconómico dejó de ser una región, un país o un continente, sino que es el mundo entero.

Por otro lado, la evidencia indica que existe una correlación directa entre la apertura o libertad económica de un país al mundo y el rendimiento en ingreso per cápita, salud, educación y medio ambiente. De hecho los actores relevantes en el mercado lácteo mundial ostentan buenas posiciones en los rankings de libertad económica, políticas que Chile y Uruguay han imitado y que sin embargo a Argentina parecieran no importarle, ubicándose en el lugar 160 del ranking, muy cerca de las últimas posiciones.
Sumado a las políticas de libertad económica, resulta relevante para cualquier inversionista, la estabilidad política y la certeza que su patrimonio no será vulnerado, situación que Argentina hoy tampoco puede asegurar, por lo que los inversionistas foráneos están priorizando claramente otros países, Chile dentro de ellos.

A pesar de excelentes políticas exteriores en Chile, errores en la capacidad de mirar el largo plazo, impulsaron modelos de negocio o esquemas productivos de dudosa viabilidad. En la década de los 90, en un escenario en que no éramos capaces de satisfacer la demanda interna, impulsado por pautas de pago de leche a productor que privilegiaban sólo el volumen y una baja estacionalidad, se desarrollaron modelos productivos basados en alta producción individual y producciones estables durante el año, que exigían estabulación durante varios meses del año.

Estos modelos han tenido que adaptarse a nuevas pautas de pago, basadas en el contenido de proteína y grasa, que no premian la producción invernal. Los modelos actuales tienden a ser más estacionales, las épocas de parición se ajustan a la curva de crecimiento de las praderas, la estabulación es evitada, se buscan vacas más pequeñas con producciones medias, los hibridajes son pan de cada día, el contenido de proteína láctea especialmente resulta relevante, la escala de las lecherías crece (modelos de entre 400 y 500 vacas por unidad resultan tamaños óptimos), se construyen nuevas salas de ordeño acorde al tamaño del rebaño con una mirada de bienestar de las personas que ahí laboran, el concentrado se usa estratégicamente en torno a 1.500 kg por vaca al año, el ensilaje de maíz es cada vez más frecuente, entre muchos otros cambios.

Actualmente los drivers de valor más relevantes en el sur de Chile, son los litros de leche por ha. Para poder superar los 15.000 litros de leche por ha, es necesario mantener altas cargas, factor también determinante en el éxito económico, mucho más relevante que la producción individual por vaca, factor que perseguíamos en la década de los 90.
Soportar cargas altas, de más de 2,5 vacas por ha, con producciones medias que rondan los 6.000 litros por vaca masa, con alto contenido de sólidos (proteína más grasa >7,2%), y además con un bajo costo de producción, son ahora determinantes. El bajo costo en este caso se asocia fuertemente a una alta utilización directa de los forrajes producidos dentro del predio. Hoy no es difícil encontrar consumos que superan las 12 ton. de materia seca por ha.

Esta forma de intensificación, basada en pastoreo, que maximiza el consumo directo tanto de praderas como de cultivos suplementarios, se transformó en el elemento clave, que por lo demás es un elemento clave también en Nueva Zelandia y Australia. La evidencia sugiere que Uruguay y Argentina, enfrentan la misma problemática pero se encuentran aún con brechas importantes para alcanzar estos estándares, que no me cabe duda que con una mirada de largo plazo serán capaces de alcanzar.

El problema común de Chile, Uruguay y Argentina es la mantención y/o caída de la masa ganadera. Dado que el crecimiento del sector, basado en producción por vaca, ya prácticamente no tiene espacio en un modelo altamente competitivo, sólo nos resta el crecimiento vertical en carga y el crecimiento horizontal en superficie. Éste será el gran desafío de los próximos 20 años ya que es más difícil de realizar, requiere de decisiones de largo plazo, que involucran sucesión, relación con la banca, hipotecas, compras de predios anexos, entre otros.

Resulta esencial que cada eslabón entienda y conozca el negocio del otro, la banca incluida, que se entienda que cada eslabón de la cadena necesita hacer un negocio razonable, medido como cualquier negocio en base a rentabilidad al patrimonio, y finalmente que cada eslabón valore lo que el otro hace, ya que somos dependientes el uno del otro.

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