Evolución del mercado de tecnologías de henificación en Argentina -1º parte-


MARIO BRAGACHINI
FEDERICO SÁNCHEZ
MAURO BIANCO GAIDO

INTA EEA Manfredi
Módulo de Tecnologías de Forrajes Conservados
Programa Nacional de Agroindustria
y Valor Agregado




La adopción de tecnologías de henificación en Argentina siempre estuvo limitada por la poca cultura del heno de calidad que se tiene en nuestro país. La llegada de las rotoenfardadoras en el año 1984 revolucionó la forma de hacer reservas de forrajes, facilitando la mecanización de todo el sistema de confección, almacenaje y suministro de heno, sin embargo hubo múltiples factores de manejo que condicionaron la calidad.

La historia tuvo otro hecho relevante en el año 1996, cuando desembarcaron las megaenfardadoras en nuestro país, que a pesar del gran avance que demostraron en la elaboración de heno de calidad, no llegaron a instalarse fuertemente en el mercado. Si bien no estuvieron en dudas sus beneficios, la explicación es la crisis económica de fines de los 90 que interrumpió la oferta de estos productos. A partir del año 2008 se volvió a importar este tipo de máquinas, fundamentalmente por la instalación de empresas exportadoras de megafardos, y desde entonces fue incrementando la participación en el mercado a medida que encontró como principales usuarios a contratistas que brindan servicios y a productores de alfalfa que elaboran megafardos para comercializarlos, tanto en el mercado interno como de exportación. Fig. 1

Argentina posee en la actualidad una superficie de 3.500.000 hectáreas de alfalfa, de las cuales el 75% es cortada con hélices, siendo uno de los países con menor adopción de segadoras acondicionadoras. Como se sabe, la hélice, no es la máquina apropiada para tal fin, pero tiene alta aceptación por su capacidad operativa similar a la segadora con un costo de adquisición 6 veces menor y un bajo mantenimiento. Los productores no toman conciencia del costo que significa la excesiva pérdida de hojas provocada por la hélice durante el corte/hilerado y el daño que se produce a la corona de la alfalfa con un corte de mala calidad.

Además, las bandejas de corte de bajo perfil que poseen las segadoras permiten generar un flujo de forraje que posibilita el uso de los acondicionadores. Estos generan, mediante el quebrado y aplastado de los tallos, vías de escape al agua contenida en ellos, logrando disminuir el lapso de tiempo que transcurre desde el corte hasta que la humedad llegue al 50%, momento en que la planta continúa respirando y consumiendo azúcares que afectan la calidad final del forraje. Otro de los beneficios de los acondicionadores es la velocidad de secado de los tallos, haciendo que no sea necesario esperar hasta que las hojas estén excesivamente secas para iniciar la henificación, evitando el desprendimiento y el fraccionamiento de las mismas.

El regreso de las megaenfardadoras al mercado impactó directamente en las ventas de las segadoras (ver figura 1), no sólo en el número de unidades vendidas, sino también en el ancho de trabajo de las mismas. Esto se explica por la necesidad de mayor capacidad de corte que abastezcan a las megaenfardadoras y la importancia de producir un heno de mayor calidad. Por esta misma razón crece en el mercado segadoras autopropulsadas, que hasta ese momento se vendían en promedio unas 5 unidades/año.

En cuanto a la plataforma de corte que presentan las segadoras, el 95% corresponde a sistemas rotativos de discos y cuchillas cortas y sólo el 5% restante posee sistema de corte alternativo con cuchilla y puntón, que si bien realiza un corte de excelente calidad, está limitado por su baja capacidad de trabajo (reducida velocidad de avance) y mayor frecuencia de roturas.


[Continúa el sábado 14 de diciembre]


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